Friday, December 19, 2008

Amores peligrosos

El 9 de junio de 2008, el Psicòlogo Clìnico Walter Risso dio una conferencia en Bilbao, España, sobre los "Amores altamente peligrosos".
Vale la pena leerlo desde principio a fin. Es algo extenso, sì..., pero.... los animo a que lo hagan.

Amores altamente peligrosos. Cómo identificarlos y afrontarlos

En Bilbao, a 9 de junio de 2008

Hablar del tema del amor no es fácil porque uno puede entrar por varios caminos al amor. ¿Cuántas personas hay en esta sala que están enamoradas? Ahora, si yo preguntara ¿cuántas personas están enamoradas de la persona equivocada? Entonces, fíjense que las estadísticas muestran algo que realmente llaman la atención. Mucha gente sufre por amor, mucha; y cuando hablo del amor me refiero también a un tipo de amor especial. El amor enfermizo; no todo amor es sano; hay amores que son enfermizos, y la gente sufre mucho por amor. El 40% de las consultas tienen que ver con temas relacionados con el amor.

La gente sufre mucho por amor; tanto que yo diría que el amor, este tipo de amor enfermizo, es un problema de salud pública. Porque, además, estamos acostumbrados a sufrir por amor y eso lo vamos a ver ahora. Porque, entre otras cosas, la cultura nos ha enseñado que si uno no sufre por amor, no ama. “Tú no sufres por mi; es que no me amas”. “Si no sientes celos por mi, es que no me amas”. Si yo ahora llego de un viaje y encuentro a mi mujer después de un mes sin verla y le digo, “¿me extrañaste?” Y ella me dice “no”, yo no voy a alabar su independencia, su autonomía, lo que voy a decir es que no me quiere. Pero si la encuentro deprimida, con ojeras, sin comer, perdió peso ese mes, digo “¡cuánto me quiere! Si no sufres por mí, es que no me amas”.

Esa es la mala herencia de Platón, que asoció el amor al sufrimiento. El amor tiene etapas. Cuando hablamos de amor, quiero hacer esta aclaración, no es enamoramiento; el enamoramiento es una parte del amor, el enamoramiento es la pasión, la química, el deseo, la posesión del otro. Es cuando se impone el yo. El enamoramiento no dura mucho. Se sabe hoy día que el enamoramiento puede durar seis meses ó un año; después tiende a desaparecer. Es como un virus socialmente aceptado, aparece, dura un tiempo y se va.

Ahora estuve en la APA , en el Congreso de Psiquiatría de Estados Unidos en Washington, y uno de los expositores hablaba de medicar el enamoramiento; medicarlo como si fuera una hipomanía. Entonces, van a empezar a dar pastillitas. Si usted está bajo los efectos del enamoramiento, “venga, está hipomaniaca, le damos esto; entonces, su estado de taquicardia, sudor y cambios baja y usted vuelve un poco a la normalidad”. De todas maneras, sin llegar a esto, aunque se está pensando, el enamoramiento no es amor; el enamoramiento, básicamente la pasión, el sentimiento, la emoción.

En todos mis libros yo he sostenido que el amor también tiene una parte muy importante, que es la voluntad, pensar, razonar el amor. ¿Pero cómo voy a razonar el amor si cuando estoy bajo los efectos del amor soy poco menos que un idiota? Es que el amor no es enamoramiento. Esa faceta donde se impone el yo, se complementa con otra faceta siempre, que es una tradición griega, viene de la tradición griega el concepto de “filia”, que es amistad. Uno debe ser amigo de la persona que ama, pero, fíjense, que ustedes no dicen “me amisté”; nadie dice “yo por la calle te vi y me amiste”. No existe la palabra porque los amigos los elige uno; los elige con la razón, los construye, los inventa.

Uno cuando ve un amigo se alegra y es la definición que da Spinoza del amor en la Ética ; la alegría del que el otro exista. Esa otra parte de la relación, entonces, es la “filia”, donde ya no es el yo que se impone, ya es el tú, yo y tú, ya es una cuestión más democrática. El amigo tiene voz y voto; no es obligado, no tenemos que ir a una notaría a registrar la amistad. Si tuviéramos que decir “bueno, de ahora en adelante sale una ley que dice que tenemos que ir a una notaría, tú y yo, a decir si somos amigos o no y decir para toda la vida y sellarlo”, ya las amistades empezaría a mirarse raro. “¡Para toda la vida amigos, tengo que pensarlo bien a ver cómo eres!”

Esa parte de la voluntad es, entonces, como decía, cuando empezamos a compartir los proyectos de vida, el erotismo, la pasión que tiende a bajar, se engancha con el erotismo. El erotismo es el sexo llevado a los imaginarios y esos imaginarios se enganchan con la amistad. El amor es hacer el amor con el mejor amigo o la mejor amiga, que ojalá sea la pareja de uno. O sea, hacer el amor con el mejor amigo o amiga, es no tener que explicarle el chiste a la pareja. Si alguien alguna vez tiene que explicar el chiste a la pareja, llamen a un abogado urgente; hay algo que no está funcionando.

Entonces, la “filia” es una tradición griega; el Eros también. Bueno ya, tenemos deseo y amistad. ¿Qué más podemos pedir para que sea una relación? Falta otra cosa, y esto viene de una tradición judeocristiana, que es el ágape. El ágape es la capacidad de las personas para preocuparse por el otro, que tu dolor me duela. Unamuno, cuando estaba viejito, decía “cuando le acaricio las piernas a mi mujer ya no siento nada, pero si le duelen las piernas a mi mujer, me duelen las mías”. Ese carácter transitivo del dolor, de la compasión, de que tu dolor me duele, de dejar de existir uno para no aplastar al otro, es un acto agápico.

Entonces, el ágape es una dimensión que aparece en la especie, que es muy importante. Pero si ustedes se ponen a pensar en estos tres elementos -el eros, la filia y el ágape-, o sea, el deseo, la amistad y la compasión; estos tres elementos. ¿Cuál de los tres me hace sufrir más? Porque en el ágape eres más importante tú que yo; en la amistad somos tú y yo: tú eres un sujeto, un interlocutor válido. En el eros, soy yo, el yo que se impone; entonces, el eros nos hace sufrir más. Cuando hablamos de amor no hablamos de enamoramiento, hablamos de eros, enamoramiento, filia y ágape, no es el amor perfecto. Cada uno distribuye eso en la cantidad que le da la gana. Pero uno no puede estar haciendo el amor todo el día; uno no puede estar cuidando al otro todo el día a no ser que esté enfermo.

¿Qué es lo que hace uno todo el día? Es tratar de ser amigos, es tratar de compartir los momentos más o menos simpáticos. Entonces, cuando hablamos de amor y hablamos de sufrimiento, cuando yo hable de amor, piensen en estos tres elementos, en la combinación de estos tres componentes; no piensen en el enamoramiento. Cuando escribí este libro, yo empecé a ver en mi consulta y en las investigaciones que hacíamos. Ustedes vieron que siempre se nos había dicho que hay que aceptar a la pareja como es, pero yo digo hay que aceptar a la pareja como es, siempre y cuando aceptarla no implica mi autodestrucción. Si aceptarte implica que yo me tenga que autodestruir, mi yo; si me felicidad es inversamente proporcional a la tuya, es que estamos mal. Aceptar al otro como es, sí, pero hay ciertas propuestas afectivas que son realmente insoportables; hay ciertas propuestas afectivas que son difíciles de sobrellevar, que ni siquiera el aguantador más grande es capaz de hacerlo sin salir damnificado.

Entonces cuando empecé a investigar estos estilos afectivos, me encuentro que hay unas maneras de amar que generan en las personas problemas psicológicos, que afectan a la dignidad personal, que alteran la convivencia. Lo sorprendente es que en estos casos, en su caso extremo, se llaman trastornos de la personalidad y ocupan cada uno de los trastornos un 2% de la población, entre el 1 y el 3%, dependiendo de las culturas. Si ustedes toman el manual estadístico de trastornos mentales, el DSM-IV -ahora va a salir el V-, ustedes encuentran que hay unos 10 trastornos de la personalidad; pero si toman otros teóricos hay 12, 15. De todas maneras, decimos que hay un 20% de la población que tiene estos estilos de amar, y muchas de estas personas no están en el hospital mental, porque estas personas no están locas, sino que tienen un estilo de amar muy disfuncional y al hacer una propuesta afectiva que, cuando ustedes se involucran, es como una telaraña que los absorbe y uno no se da cuenta y después termina enredadísimo. Pero si estamos diciendo un 20%, estamos diciendo que es mucha gente. En una población de cinco millones de habitantes, sería un millón de habitantes. Voy a explicarlo así. Algunos de estos estilos, aunque todos los estilos afectan al otro como persona, son altamente peligrosos por eso, porque la persona parece que empezara a desaparecer.

Algunos afectan directamente al otro a través de la indiferencia y ahí voy a citar tres estilos, tres niveles de indiferencia.

El más suavecito, lo que yo llamo el estilo narcisista, es decir, el amor egoísta. Las personas narcisistas piensan que son especiales, tienen un ego enorme. Entonces piensan que los demás están para servirles. Ellos están absolutamente convencidos de que el mundo gira a su alrededor y que ellos son el centro del universo porque son más valiosos que los demás. Son egocéntricos, no son capaces de centrarse y ponerse en el punto de vista del otro. El narcisista lo que hace es menospreciar a la pareja; la menosprecia, dice “tú vales menos que yo, y tú eres una afortunada” (porque hay más hombres narcisistas que mujeres, las mujeres narcisistas están subiendo en promedio, no se sabe por qué) “Qué afortunada eres que yo sea tu pareja, mis necesidades son más importantes que las tuyas, yo necesito que tú me colabores en mi imagen; tú estás para agrandar mi ego”.

Uno de mis pacientes me decía, “mire, yo, cuando me presentan alguien y me piden mi tarjeta, yo no llevo tarjeta; le presento a mi mujer; ¿por qué? Porque la tengo siempre arreglada, siempre linda”. El narcisista requiere permanente poder, prestigio y posición. Ahora los narcisistas son indiferentes a la otra persona, pero ¡ojo! en la sociedad los narcisistas fluctúan; están permanentemente ahí entre nosotros. Los narcisistas ocupan puestos importantes, los narcisistas por la necesidad de poder que tienen, generalmente están en posición de mando muy altos. No todos los que tengan posición de mando son narcisistas, pero muchos narcisistas ocupan posiciones de mando. El problema es que cuando ya llegan a su casa, llegan a su vida íntima, y se quitan el ropaje, aparece el egoísmo y el egocentrismo. Cuando uno ve un narcisista con una persona al lado, inmediatamente se van a dar cuenta, porque el narcisista siempre camina un paso adelante y la mujer anda detrás, tratando de alcanzar. El narcisista siempre va bien vestido; siempre muestra que brilla y ella se queda como un árbol sin sabia, pues el narcisista lo que hace es chupar energía.

¿De acuerdo? Entonces, hay que preguntarse hasta dónde nosotros, en la cultura, lo que hacemos es promocionar al narcisista, porque les damos premios a muchos de ellos. Ustedes me van a decir, bueno, “el narcisista es listo”, y ¿quién cae en manos del narcisista? Puede que cualquiera, porque si nosotros caemos en manos de estos estilos es porque tenemos vulnerabilidades, necesidades, que pueden ser irracionales o enfermizas y caemos. Hay gente que es más vulnerable. Si una persona está buscando estatus, como una paciente mía, que me decía, “doctor, todos los novios que he tenido son feos y pobres; yo quiero un novio rico y bonito”. Entonces, una mujer que esté en esa crisis, es carne de cañón para el narcisista; lo más seguro es que pase un narcisista y lo ve como el hombre de su vida. Es el príncipe azul, es como el polen y la abeja. Entonces, cada uno de nosotros tenemos ciertas debilidades y necesidades que nos hacen más congruentes para poder engancharnos con algunos de estos estilos.

Pero hay otra forma de indiferencia que es más fuerte, que es la del estilo antisocial. El estilo antisocial, o lo que llamaríamos el sociopata. El sociopata es una persona que ya no ve al otro como menos valioso; ve al otro como un objeto. El origen del totalitarismo muestra claramente cómo en la época del holocausto nazi, los nazis veían a las personas que tenían ahí como superfluas; a los judíos los veian como superfluos, como objetos. Lo que hace el antisocial es tomar ese mismo concepto y lo aplica a la pareja, o a los hijos, o a cualquiera. El antisocial lo que hace es despreciar. Ya no es el menosprecio; es el desprecio. “No tienes precio, te cosifico, eres una cosa”. Entonces, la persona deja de ser un sujeto válido en la relación, un interlocutor válido; entonces, al ser un objeto, lo pueden utilizar como le da la gana, porque él piensa que la vida es como la supervivencia del más apto llevada al extremo; entonces, como el más fuerte, él tiene el derecho de aplastar a los otros. Cuanto más débil sea la pareja de un antisocial más la va aplastar. Eso es lo que llamamos nosotros el amor maligno, o sea, ahí es donde se origina el maltrato físico. ¿A quién le puede gustar el antisocial? Pues el antisocial resulta ser muy atractivo para algunas personas, porque el antisocial es pendenciero, el antisocial se muestra como valiente y realmente es temerario. Le gustan las emociones fuertes. Entonces, para personas débiles, paradójicamente, el antisocial puede funcionar como una figura de salvaguarda, de protección. “Necesito quien me cuide”. Entonces, ya hay dos.

Hay un tercero estilo que profundiza más en la indiferencia, que es la esencia misma de la indiferencia. Lo que se opone al amor no es el odio, porque el odio también atrae; atrae para destruir, pero atrae; lo que se opone al amor es la indiferencia y este tercer estilo yo lo llamo el amor desvinculado o el estilo ermitaño . Estas son personas que simplemente se encierran, se aíslan en su territorio, hacen un culto a la autonomía y, simplemente, no es “tú vales menos” o “eres un objeto”, es “tú no existes”. Borran a la pareja del mapa. "No proceso tus emociones". Eso se llama en psicología alexitimia. Significa la incapacidad de leer y procesar las emociones del otro. Entonces, lo que hace el esquizoide es aislarse y cada vez más en su territorio. La pareja la tiene simplemente porque necesita estar insertado en la cuestión social. Entonces, el esquizoide lo que hace es desconocer totalmente al otro.

También los esquizoides son más hombres que mujeres; los narcisistas son más hombres que mujeres, los antisociales son más hombres que mujeres; aunque las mujeres antisociales buscan a los hombres antisociales también; ya será una especie de sociedad para delinquir, pues los antisociales delinquen permanentemente, violan reglas. En la historia van a encontrar muchas parejas de esas, pero, entonces, el esquizoide lo que hace es ser como un agujero negro. Si usted tiene un esquizoide en su vida, lo chupa, pero, usted, ¿por qué sigue con este hombre esquizoide? “Es que mi amor lo va a curar”; ¿su amor lo va a curar?. El esquizoide no tiene cura. Es un amor de locura.

Pero no me voy a dar por vencido, pero cada vez hay un costo de la autoestima que baja. Cada vez me quiero menos. Entonces, ya me acostumbro. Yo tengo una paciente que tiene casi 14 años que está saliendo con un hombre y ha ido una sola vez al apartamento; no sabe cuánto gana; ha hecho el amor una vez en 14 años; en fin, tienen una relación absolutamente distante, pero frente a la gente se muestra ella como la novia de él, es inabordable. La creencia que tenemos nosotros de que el amor puede producir como una especie de milagro en las relaciones afectivas adultas, pero yo no lo veo así. Es decir, yo pienso que cuando alguien no te quiere, cuando alguien afecta tu autorrealización personal vital: “yo quería ser pianista o bailarina, pero la condición que me puso el piano o yo, y yo elegí ella”. Si afecta a tu autorrealización o tu dignidad y a tus principios, cualquiera de las tres son razones para decir que el amor no alcanza. ¿Por qué? Porque están violando mis derechos fundamentales. Estamos diciendo que ese amor no es ético, que ese amor no es democrático, que ese amor no es justo. Nosotros pensamos que el amor es todo poderoso, que el amor todo, todo lo puede. Bajémoslo un poquito. Pongamos el amor en la tierra. Nosotros, a no ser que haya algún santo aquí, que no creo, pero el amor que cuando nosotros establecemos relaciones afectivas tenemos que exigir es la reciprocidad; si yo soy fiel espero que mi pareja sea fiel. ¿Ustedes no esperan nada a cambio?; eso es para el amor universal, eso es para la madre Teresa de Calcuta, Jesús, Buda, pero no para nosotros. Si yo soy fiel, espero fidelidad; si doy ternura, espero ternura; si doy sexo, espero sexo. La reciprocidad, no milimétrica, pero la reciprocidad vital sí es un elemento importante en el amor. Se rompe esa reciprocidad en los tres estilos que he dicho.

Hay otros estilos. Por ejemplo, hay estilos que se dirigen a controlar a la otra persona. Uno es el paranoide, o sea el amor desconfiado. El paranoide pone al otro en la lupa, o le sube al estrado. El paranoide es el celoso; el paranoide es el que piensa que el mundo está en mi contra y yo necesito defenderme permanentemente. Pienso que mi pareja es culpable hasta que no demuestre lo contrario. Inclusive llegan al extremo de tener celos retrospectivos. Es decir: “cuando tenías 16 años tenías un novio”, “sí, pero ya tengo 38; estoy casada contigo hace 8 años”, “sí pero, a los 16 años tuviste un novio, y ¿qué hacías con ese novio?”, “pero, cómo, qué hacía mi amor; nada”, “¿cómo que nada? ¿lo besaste alguna vez o no lo besaste?”, “bueno, sí, le di un beso”, “¿cómo fue el beso?” Y empiezan a indagar y, entonces, la mujer, para tranquilizarlo, le va contando todo y cada vez que le cuenta es como echarle gasolina a una fogata, y se enciende más y más. Entonces, quieren tener una franquicia de hace 30 años para acá, eso es como un golpe de estado, entonces, es imposible.

El paranoide lo que hace es no entregarse nunca afectivamente porque si se entregan va a mostrar sus debilidades y va a creer que le van a molestar o engañar. El paranoide funciona muy bien en algunas cuestiones; si trabajan en la CIA son perfectos; un paranoide en la CIA creo que es perfecto, pues tiene que ser desconfiado.

El obsesivo es otro estilo controlador. El obsesivo es el amor perfeccionista. Insisto, no piensen esto que están en el hospital mental; entre nosotros, cualquiera de nosotros puede tener rasgos de estas personas; yo mismo; cualquiera, aunque no los tengan exagerados. El amor perfeccionista es poner al otro bajo control, porque parto de que es ineficiente y de que el único que puede aquí ser responsable y eficiente soy yo. Entonces, genero en mi pareja miedo todo el tiempo a equivocarse. Como tiene miedo a equivocarse, se equivoca; y como se equivoca demuestro que no sirve para nada. Entonces, hago un golpe de estado; tomo el poder y el poder consiste en que yo tomo todas las decisiones, porque la otra persona es una inútil. Entonces el obsesivo sistematiza el amor, lo organiza; está todo el día alrededor de lo meticuloso. ¿Se acuerdan aquella película Dormir con el enemigo ? Aquel tipo medía las toallas, el largo de las toallas; es exactamente eso. ¿Qué hacen las parejas de los obsesivos? Se transforman al obsesivismo; es decir, se vuelven obsesivas, para poder sobrevivir con un obsesivo. Entonces, ustedes, les ven después de cuatro o cinco años y van a ver que los dos limpian igual, los dos están midiendo las cosas, los dos se hacen como un rito al obsesivismo. Con el paranoide pasa lo mismo. Usted ¿por qué sigue con este hombre? Es que él tiene razón; la gente es mala. Ya la convenció, y ella anda con el radar al lado de él, buscando toda la gente mala del mundo.

Hay un tercer tipo de controladores, que son las personalidades histriónicas, que aquí son más mujeres que hombres, pero por poco. Las personalidadades histriónica son teatrales, llamadores de atención, seductoras, les gusta la cirugía estética, les gusta ser el centro de la vida del otro. “Tú vida no puede tener sentido sin mí”. El amor hostigante surge de una subcultura que yo llamo “histeriquismo”. Ustedes si van a una discoteca de moda, van a ver que en esa discoteca de moda hay tantos hombres como mujeres cortejándose, pero los lindos con las lindas. Es el club del exhibicionismo, del pavoneo, del cortejo, de los hombres de piel tostada, la mujer de minifalda. Eso está bien, pero cuando ya se vuelve una subcultura en la cual se mira y se no toca, y prefiero tener un fan a tener alguien que me ame cuando yo ya creo que valgo por lo que muestro, cuando mi autoestima empieza a depender por mi capacidad de seducción.

Para terminar los estilos, hay dos tipos de estilo que son ambivalentes, que son absolutamente enloquecedores. Los dos son más comunes en las mujeres. Todos son enloquecedores.

Uno es el pasivo agresivo, o el amor subversivo. El amor subversivo parte de la siguiente concepción: voy a tratar de explicarla lo mejor que pueda. Bueno, es como vivir con Gandhi en la casa, con un movimiento de desobediencia civil, las 24 horas. Son personas que tienen un problema con la autoridad desde chiquitos y empiezan a ver control por todas partes, donde no lo hay. Entonces, empiezan a percibir a la pareja como si fuera un dictador o una dictadora; entonces, empiezan a oponerse. “Me opongo a la dictadura de mi pareja pero no soy capaz de dejarla”. Entonces, cuando estoy cerca de ella me siento protegido, pero añoro la libertad; entonces, no quiero estar contigo; entonces, me voy para la libertad y quiero ser autónomo y empiezo a estar autónomo y como estoy libre, extraño la protección de la pareja; entonces, ni una cosa ni la otra, ni contigo ni sin ti; entonces, empiezan a tener conductas inmaduras de protesta contra la supuesta autoridad del otro; entonces empieza el sabotaje, el llegar tarde; “pero, mi amor, no pagaste la factura; se nos fue la luz, pero no importa; tú siempre tan controladora”; “mira, te olvidaste de ir a buscar a los niños, ¿y qué problema hay? ¿Acaso les va a pasar algo?” “Vamos ya, ve tú”; “voy yo más tarde, no importa”, “¡cómo te gusta mandar siempre!” Entonces, ¿a quién le puede gustar un pasivo agresivo? Como tiene un lado de inmaduro, a las personas proteccionistas, a las mujeres maternalistas o a los hombres paternalistas.

Vieron que hay mujeres que les fascinan los hombres en desgracia. Yo no sé por qué es eso. Cuando ven un hombre en desgracia, les atrae. Entonces, no se casan; lo adoptan; entonces, después, claro, ¿cómo van a dejar un hombre adoptado, un hijo adoptado? Eso se llama codependencia, que no solamente es femenina, también es masculina. Entonces, el pasivo agresivo, hagan lo que hagan, siempre le van a faltar cinco centavos para el peso.

Y para terminar, está el estilo limítrofe. El estilo limítrofe, en un 75%, es más común en las mujeres. Si el esquizoide era un agujero negro, el estilo limítrofe es como una supernova. Es como una estrella en los últimos días que explota. Es supremamente atractivo lo que uno ve en esa estrella, pero hay explosiones de emociones permanentes. La persona limítrofe o caótica fluctúa entre el amor y el odio. No es ni contigo ni sin ti; es “te amo”, y a los dos minutos “te odio”. Tiene miedo al abandono, pero no sabe cómo es ser dependiente. A veces, no se encuentra a sí misma porque tiene problemas de identidad. Entonces, esa fluctuación, esa explosión, esa inestabilidad constante, hace que las personas que estén con ellas, pues, tenga que funcionar al ritmo de la persona limítrofe. Pero cuando están bien, son absolutamente encantadoras. Se han encontrando problemas bioquímicos, pero hay muchas cosas. Quizás es el trastorno más estudiado.

Yo le doy un pronóstico bastante aceptable al histriónico, al obsesivo y al límite. Los otros estilos son muy difíciles de manejar; entonces, si ustedes ya quisieran profundizar estos estilos, encontrarían muchos ejemplos, pero, en el fondo, lo que uno trata de hacer en la terapia con estas personas es mostrarles que carecen de unos valores especiales. Hay una terapia orientada a valores, para que estas personas puedan modificar el antivalor que tienen alrededor del amor. Por ejemplo, a la persona histriónica le falta el valor de la sencillez; a la persona narcisista le falta la humildad; a la persona paranoide le falta la confianza básica. ¿Qué es la confianza básica? La certeza de que nunca me vas a hacer daño intencionalmente. Es lo mínimo que se le puede pedir a una relación. La única certeza que podemos tener, entonces, a cada una de estas personas les faltan valores que hoy en día las terapias se están orientando a eso.

Entonces, fíjense, hay vulnerabilidades que hacen que estos estilos nos gusten; hay muchos estilos porque yo estoy diciendo un 20% de acuerdo a los datos estadísticos mundiales, pero hay personas que tienen rasgos que no alcanzan a tener estilo; tienen rasgos. Uno puede leer el libro y decir “tengo esta parte narcisista; yo soy narcisista y no me ha dado cuenta; entonces tengo rasgos narcisistas”. Entonces, yo pienso que sufrir por amor no tiene mucho sentido. Entre el aguante extremo de algunas personas -el extremo; yo digo que las abuelitas tenían que saber aguantar a los abuelitos; habían abuelitos que eran insoportables-, entre ese extremo y el extremo de hoy -la postmodernidad, donde está la cultura del desechable, las separaciones son antes de los tres años-, tiene que haber un punto medio, y ese punto medio lo da la razón, la inteligencia en el amor, saber elegir, saber hasta dónde estoy dispuesto a jugar por esto.Saber elegir.

La gente, como dije, se equivoca más casándose que comprando apartamento o piso, porque cuando uno compra un piso ¿en qué se fija? Si la burbuja me va a agarrar, el sol si entra, el vecino, el impuesto,... Pero cuando uno se va a casar o va a establecer una relación, no piensa; es el corazón el que decide y es cuando más tenemos que pensar. ¿Qué vamos a pensar? Llega la señora y dice “doctor, ayúdeme a desenamorarme”. Es que yo no la puedo ayudar a desenamorarse. Sería como La naranja mecánica; lo que le puedo ayudar es a que deje esa relación; “pero es que yo lo amo; pero, entonces, lo que quiero es separarme sin sufrir”. Esta persona adicta, con un hombre X, ¿en qué se le puede ayudar? Le puedo ayudar a que deje esa relación queriéndole, como cuando uno deja la droga, cuando uno deja la gente, o deja el crack, o deja la cocaína, deja la cocaína gustándole la cocaína. Nadie dice “ayúdeme a que no me gusta la cocaína”. No. Entonces, si elegimos bien, si pensamos el amor, al menos al principio, cuando el amor nos deja, tenemos un tiempo en el que pensar es más difícil. Pero pongamos que la mujer sale la primera vez con el hombre, supongamos que el hombre se parezca a Brad Pitt, una mezcla de Brad Pitt y Tom Cruise; algo absolutamente indescriptible. El tipo sale con ella y el hombre en la primera salida lo que hace es estar mirando mujeres. Se toma tres botellas de whisky, hace un escándalo. Entonces, “¿le gustó salir con este hombre?” “No”. “¿Por qué?” “Porque es mujeriego y a mí no me gustan los hombres mujeriegos”; “porque no me gustan los hombres alcohólicos”. Entonces, “¿por qué va a volver a salir con él?” “Porque, de pronto, el puede cambiar”; “¡ay! eros todavía no la flechó”; “todavía puede pensar”. Lo que debería pensar es “no me conviene; no le viene bien a mi vida”. Entonces, lo que se propone en este libro y lo que estamos estudiando cada vez más es la idea de que hay ciertos estilos afectivos que son peligrosos y ciertas maneras de amar que son irracionales; que es mejor evitarlas y conocerlas.

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